arc triomphe

Celebrar una victoria no militar.

El arco triunfal de Barcelona, a diferencia de los otros, no fue hecho para celebrar ninguna victoria militar. Se construyó para ser la puerta de entrada a la Exposición Universal de 1888, situada en el espacio previamente ocupado por la Ciudadela que Felipe V había construido en 1714 después de la Guerra de Sucesión.

Con esta exposición, Barcelona quiso darse a conocer al resto del mundo, recuperar su antigua importancia económica y comercial y convertirse de nuevo en una de las grandes ciudades del Mediterráneo. La construcción de un arco de triunfo se ha convertido en el símbolo de la superación de los siglos anteriores de decadencia.

El arquitecto encargado de su construcción es Josep Vilaseca i Casanovas, colaborador habitual de Lluís Domènec i Muntaner, que fue el gran arquitecto del proyecto de la exposición. Al igual que Domènec, Josep Vilaseca utilizó el ladrillo para construirlo. Un material no tan noble como la piedra, pero que ayudó a simbolizar que gran parte de este triunfo, esta victoria, fue consecuencia de la Revolución Industrial y las fábricas textiles de la ciudad. Y estas fábricas, todas ellas, fueron construidas con ladrillos.

Neo-mudéjar en Barcelona

En Europa, a finales del siglo XIX, y antes de la llegada del modernismo, comenzaron a desarrollarse movimientos eclécticos que recordaban los momentos históricos de cada país. En este contexto, algunos expertos clasifican el arco triunfal de Barcelona como neomudéjar. Y si bien es cierto que el mudéjar no era un estilo particularmente relevante en la Cataluña medieval, estaba muy presente en la Corona de Aragón. De hecho, en el interior del arco podemos ver relieves que representan el murciélago, que fue el emblema del rey Jaime I, y la conquista del reino de Valencia.

Escaparate nacional

Las exposiciones universales fueron, a finales del siglo XIX, una magnífica oportunidad para que las ciudades que las organizaron se presentaran al mundo. Por lo general, se celebraban en París y Londres, pero las demás ciudades que a veces lograban celebrarlas aprovechaban el esfuerzo para hacer una gran inversión en lo que hoy llamaríamos la promoción del turismo.

Así, el arco triunfal era también una referencia para el resto de España. El escudo de Barcelona, aunque es el más grande de todos, está acompañado por el de todas las provincias españolas. En la parte superior de cada una de las fachadas, los frisos de cemento Portland (un material ultramoderno en la época) representan una alegoría de la propia exposición. Representan figuras mitológicas que pueden ser identificadas con algunas de las naciones participantes. Y para colmo, el escudo de la monarquía española, flanqueado por dos leones.

La Exposición Universal de 1888 marca un antes y un después en la historia de Barcelona. En la Ciudad de las Maravillas, Eduardo Mendoza capturó de manera extraordinaria la gran transformación que sufrió por la ciudad. Y también para la gente que vivía en esa época.

Passeig de Lluís Companys, 08003 Barcelona, España

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